¿Elegimos o renunciamos?

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Son muchos los momentos de la vida en que debemos decidir entre varias opciones o se nos plantea una disyuntiva. ¿Me quedo el rojo o el azul? ¿compro este o aquel? ¿me voy de viaje aquí o allí? ¿qué primer plato me comeré en ese restaurante? ¿voto a estos o a aquellos?

Sea cual sea nuestra decisión en cada uno de los casos: nos quedamos con una de las opciones y prescindimos del resto. Es decir: toda elección implica renuncia. ¿Parece una paradoja? En absoluto, son antónimos. Por definición elegir es renunciar.

Pero, ¿cuál es nuestro comportamiento? ¿basamos nuestro criterio en quedarnos con lo que nos gusta más? o, por el contrario, ¿ponemos todo nuestro esfuerzo en decidir que es lo que rechazamos?

Creo que hay 3 grandes tipos de elecciones:

Las primeras son aquellas en que no tenemos ninguna duda y que, de hecho, no suponen elección porque tenemos clarísimo que es lo que queremos. ¿Carne o pescado? Carne porque no me gusta mucho el pescado.

Las segundas son todo lo contrario: tenemos clarísimo lo que no queremos y por tanto nos quedamos con lo otro. En estas no suele haber más remedio ¿Pescado 1 o pescado 2? Pescado 1 por que el pescado 2 tiene muchas espinas, aunque no me gusta mucho el pescado. En estas ocasiones sería mejor no elegir, pero hay que comer ¿no?

Las terceras y creo que las más complejas: dos o más opciones sin una clara vencedora, muchas dudas, varios cumplen con los requisitos mínimos pero todas tienen un “pero” … Creo que nuestro cerebro intenta encontrar los defectos de varias de ellas para averiguar de cual puede prescindir en vez de centrarse en las ventajas de una de ellas para acertar con la elección.

Por ejemplo: comprar un coche, un mueble, unas vacaciones, un televisor … cosas que tienen difícil marcha atrás habitualmente.

Esto me gusta pero es demasiado grande, aquello no está mal pero es demasiado caro, ese lo tiene casi todo pero es azul… y ¿solo me puedo quedar con uno? Sí, y prescindir de todos los otros … y vuelta a empezar.

Si me llevara este y luego no me quedara bien… mejor aquello otro aunque igual si en vez de … lo mejor sería este aunque…

Somos expertos en autoexcusar nuestros pensamientos y decisiones ante nosotros mismos. Nos cuesta descartar opciones ante el miedo a equivocarnos.

Al final ¿qué hacemos? Cerrar los ojos y apuntar con el dedo, con miedo de arrepentirnos y con la certeza de no saber si hemos elegido bien ¿Qué hubiera pasado si en vez de esto hubiera elegido lo otro? Aquello a lo que renuncié igual hubiera sido mejor por … Es tarde, ya no podrás saberlo nunca. Elegiste y ahora te toca asumir tu eleccion.

Bueno, basta de filosofía por hoy.

¿Cómo eliges tu? ¿Eliges o renuncias? ¿Te convencen tus selecciones? Cuentanoslo en los comentarios.

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