El Futuro de la Diagonal de Barcelona

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La Diagonal de BarcelonaBarcelona decidió el pasado domingo: no queremos cambiar la Diagonal. No queremos que se modifique el trazado de la avenida que cruza Barcelona desde su entrada por el sur hasta el recinto del fórum, una de las pocas vías rápidas que quedan para recorrer de punta a punta la ciudad.

Después de una iniciativa, creo que sin precedentes, que ha tomado mucho tiempo y que comenzó solicitando a los ciudadanos aportar ideas de como debía ser la diagonal, continuó creando dos “mega-proyectos” uno que la convertía en rambla y otro en boulevard, y culminó con una votación online y física … el resultado ha sido: no la toquéis, dejadla como está…

En mi humilde opinión los motivos son muchos.

Por una parte es posible que Barcelona esté cansada de obras inacabables como la del AVE o el tramo de Urgell/Avenida de Roma (otras dos arterias de la ciudad atrapadas  desde hace años) y reconstruir una avenida de 10 km promete ser una más. Si esta calle además cruza la ciudad y afecta a las salidas/entradas de tráfico por sus extremos, la epopeya puede alcanzar una magnitud tremenda. No hay opciones que puedan absorber ese tráfico.

Por otra parte estamos en año de recortes económicos drásticos … ¿no será un capricho innecesario una obra de ese tamaño? ¿No nos están diciendo que toca apretarse el cinturón? Igual los ciudadanos queremos que la recaudación de nuestros impuestos se dedique a suavizar los recortes que pueda haber en otras partidas mucho más necesarias. Solo pensar en el dinero invertido en decidir NO hacer nada, me pone los pelos de punta.

Quizá haya otra razón: los proyectos propuestos no han gustado… Me inclino a pensar en que no es este el motivo del fracaso de la propuesta. Seguro que todos los ciudadanos (cuando no estamos conduciendo) deseamos más zonas de recreo, para pasear, para estar cómodos, libres de ruidos y humos… pero probablemente no estemos dispuestos a (cuando sí estamos conduciendo) soportar retrasos y embotellamientos por obras o trazados que intentan evitar que nos desplacemos en nuestro medio de transporte privado.

Esta es la gran incógnita del futuro de las grandes ciudades: ¿hasta qué punto se puede (o debe) evitar que el ciudadano se desplace en coche? ¿dónde está el punto de equilibrio entre la comodidad del coche y las trabas para utilizarlo?

Probablemente, antes de pensar mucho más en perjudicar el transporte privado haya que pensar en potenciar el público, o facilitar que los coches se queden en la entrada de las ciudades. Y, lamentablemente, Barcelona no está preparada para ese momento. Necesitamos una capilaridad mucho mayor en las redes de autobuses y metros públicos, necesitamos espacios seguros donde puedan quedarse los coches mientras utilizamos esos otros medios, necesitamos muchos más espacios adecuados para dejar las bicicletas. En definitiva: necesitamos que la ciudad sea mucho más accesible al peatón antes de blindarla al tráfico motorizado.

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