Viaje a Jericoacoara, Brasil

Ayer me acordaba de un viaje que hicimos hace 2 años a Brasil. En concreto fue un combinado entre Fortaleza y Jericoacoara en el estado de Ceará, en el nordeste del país.

Jeri, como sus pobladores la llaman, es una población pequeña, paradisíaca y llena de curiosidades. Su playa está calificada como una de las mejores del mundo.

Por ejemplo: la electricidad llegó hará unos 10 o 12 años y no hay tendido eléctrico en las calles que por la noche se iluminan gracias a las luces de tiendas restaurantes y viviendas.

Otro ejemplo es que no hay un camino asfaltado (en realidad no hay un camino hecho) que lleve hasta allí. Sólo llegar a Jeri supone una excursión entre autocar y camión 4×4 de unas 4 horas desde Fortaleza. Y el camión es el encargado de cruzar por un desierto de arena y dunas móviles y cambiantes en el último tramo del camino.

Apenas hay tráfico y sus calles tampoco están asfaltadas: puedes ir descalzo tranquilamente las 24 horas del día.

No sorprende ver en ningún momento del día burros y vacas en la playa, los bugguies paseando y llevando turistas, artesanos que te venden sus creaciones: ropa, bisutería, comida recién hecha.

Una de las dunas móviles llega hasta el mismo borde del agua y muchos suben allí a ver la puesta de sol y a practicar el skybunda (bunda son posaderas) deslizarse hasta el agua sentado encima de tablas de madera.

Desde Jeri, a pie o en bugui, se pueden hacer excursiones por los alrededores para descubrir otras playas y lugares muy bonitos. Esas playas son las preferidas por montones de surfistas y windsurfistas.

A la hora de la puesta de sol, los habitantes de Jeri (y los turistas) se agrupan frente a la playa (o en la duna) en una suerte de rito ancestral para ver juntos la puesta y tras ella pasan una media hora cantando para dar gracias por ese día y bailando capoeira, la danza tribal de esclavos que sigue tan viva en el país.

Tras ello comienza la noche y aparecen puestos ambulantes de comida y bebida gracias a los que puedes cenar por apenas 5 € (con eso da para varias caipirinhas y pinchos de carne). O puedes optar por alguno de los restaurantes y degustar un plato de camarâo (gambas) cocinado de 100 maneras distintas (esto recuerda un poco a Forrest Gump), frutas recien recogidas, langosta y mariscos, pargo (el pescado típico allí) …

Se vive a ritmo caribeño y la gente es tranquila y amable. Peligrosidad cero, bueno, te puede atropellar una vaca. Creo que el mito de la peligrosidad de Brasil es debido a las grandes ciudades como Río o Salvador.

Desde luego es un paraíso al que no me importaría volver. De hecho, no me importaría estar ahora mismo y pasarme un buen par de meses. Os dejo algunas fotos:

La playa y la duna de Jericoacoara:

duna de Jericoacoara

Una puesta de sol:

Puesta de Sol Jericoacoara #1

Una cena a base de marisco, langosta, gambas y arroz:

Una cena en Jericoacoara

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